SOCIEDAD 

Asexualidad, la orientación sexual más incomprendida

“Estaba súper enamorado de una flaca. Conectábamos, teníamos química, todo bárbaro. Llegaba la hora de los bifes y la parte orgánica funcionaba pero yo estaba en Saturno: no estaba conectado con ese evento que se suponía que tenía que ser tan trascendente.” Todas las parejas de Fernando (37) solían pensar que era gay. Y él se asumía “mal de fábrica”, hasta que se topó en Internet con un concepto que fue la llave para entenderse. Fernando es asexual. “Hay gente a la que le gustan las chicas, gente a la que le gustan los chicos. ¿Por qué no puede haber gente a la que no le guste nada, que no tenga atracción por ninguno de esos dos géneros, o por ningún género, para sacarlo del binarismo?”, increpa. La asexualidad, la orientación sexual más incomprendida, se viene haciendo más fuerte en el plano del activismo y ya tiene hasta un Día Internacional.

Para entender qué es quizás convenga, primero, despejar lo que no es: no es un trastorno, no se conecta con abusos sexuales o traumas, no es un problema físico ni tiene algo que ver con el celibato. Tampoco está ligada al deseo o la actividad sexual de quienes se reconocen en ella. Fernando no tiene relaciones hace más de cinco años –nunca dejó la masturbación–, pero no es así en todos los casos. Lo que define a la asexualidad, la cuarta orientación sexual, es la falta de atracción sexual hacia un otre, o bien el hecho de sentirla en contadas ocasiones.

«Es un espectro muy amplio que va desde gente a la cual el sexo le resulta repulsivo hasta a aquellos que bajo ciertas condiciones específicas podrían parecer ‘normales’ para la sociedad», resume Mariana J., arquitecta, 32 años, de Tucumán, quien se identifica como «demisexual»: necesita crear un lazo emocional antes de poder sentir atracción sexual por alguien. «Hay muchos motivos para tener sexo más allá de la atracción. Pueden ser el orgasmo, procrear, el ejercicio, las sensaciones físicas. Para mí está al mismo nivel de mirar una película. Y prefiero ver una película», explica Magalí Agnello (27), fotógrafa que se dedica a difundir el tema en sus redes.

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Aunque cada asexual vive su orientación de manera singular –esto explica que existan, dentro de la comunidad, múltiples categorías en las cuales pueden identificarse–, las historias de vida se parecen mucho entre sí. Casi todos los caminos empiezan en la adolescencia: en esa etapa se sienten excluides en las conversaciones con los compañeros de colegio que comienzan a fantasear con su primera vez o a tener experiencias. “Cuando era adolescente me sentía en el limbo. Me gustaban y me gustan los hombres pero es una cuestión romántica”, expresa una joven de 29 años que prefiere identificarse como M. De más grande, el limbo devino en angustia, cuando su pareja quería tener relaciones y ella casi nunca tenía ganas. M. hizo lo que muches asexuales hacen: se sometió a estudios hormonales. Dieron bien. También recurrió a un psicoanalista. Le pasó lo que a la mayoría. No se sintió entendida: “Veía represión, un problema en la infancia. Todas las teorías de Freud producen un problema. La mayoría de los asexuales no ha tenido ningún abuso. Simplemente es gente que es así”. Desde esta perspectiva, la asexualidad no tendría explicación, como no la tienen la homosexualidad, la heterosexualidad, la bisexualidad.

M., que es psicóloga, tenía 22 años cuando se descubrió asexual. “Llevé la idea a una sexóloga. Me la bancó. Nos dimos cuenta de que la angustia no era por no tener sexo: me sentía mal al compararme con los demás. Había cortado con mi pareja porque me daba cuenta de que había sido un foco de problema. Uno se siente culpable y raro”, relata. Los desentendimientos con la pareja son un denominador común. Al respecto, Flavia (20), que tiene un Instagram donde difunde información, cuenta: «Muchas chicas y chicos me han escrito diciéndome que su asexualidad era un problema para sus parejas. Para nosotros no es esencial mantener relaciones en una relación. Si no hay consentimiento es que algo malo está pasando».

También puede ser complicado para les asexuales meterse en el mundo de las apps de citas, en el que el sexo, en general, manda. Augusto, a quien no le «nace» tener relaciones sexuales pero sí se otorga «autosatisfacción», comparte el dato de la existencia de Tinder Ace: una página de Facebook que la comunidad creó para conocer gente.

El rechazo social en la cotidianidad, en los medios y en las redes es también algo usual. “En los comentarios de lectores de las notas que se hacen del tema, escriben: ‘esta gente está traumada, no se puede levantar a nadie, lo que te falta es una buena pija, sos lesbiana’. Es todo muy violento. Muchos no aceptan que experimentamos nuestra vida de forma distinta, en una sociedad en la que el sexo se toma como algo sumamente importante”, dice Agnello.

Si no hay rechazo, hay, de mínima, incomprensión. Por eso entre les asexuales que buscan explicarse son habituales las metáforas, incluso los memes, que aluden a la comida: se trata de apelar a lo universal para que se entienda más fácilmente. “Es como cuando tenés hambre, abrís la heladera y no tenés nada para comer. No hay nadie con quien saciar porque no tenés ganas”, grafica M.

Fue en 2001 que el término se popularizó con la creación de la Red para la Educación y Visibilidad de la Asexualidad (AVEN), fundada por el norteamericano David Jay. Los estudios del psicólogo canadiense Anthony Bogaert contribuyeron a despatologizar la asexualidad, considerada hasta 2007 por la comunidad científica como deseo sexual hipoactivo o inhibido.

Para estas personas, la respuesta a un malestar que sintieron durante años por no encajar en el canon estuvo en Internet. La sensación más común al hallar el término fue alivio. “Cuando leí por primera vez sobre asexualidad sentí un gran alivio. Una no se da cuenta del peso que tiene sentirse negada hasta que se libera de eso. Saber que estaba bien ser como soy me dio la fuerza para empezar a expresar lo que sentía, lo que quería y lo que no… De pronto tenía la opción de ser yo misma y de sentir que eso estaba bien, que algo me respaldaba”, recuerda Mariana J. “En ese momento se lo conté a mi entonces pareja. El nunca se dio cuenta de la importancia de ese momento de mi vida. Para él yo sólo había encontrado la excusa perfecta para no darle lo que quería. El apoyo de una comunidad puede cambiar tu vida.”

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En 2010 se conformó en la Argentina el grupo de Facebook “Yo también soy asexual”, que tiene actualmente 1300 miembros. En 2015 el tema empezó a circular mediáticamente con frecuencia. Les asexuales prácticamente nunca están conformes con las pinturas que de elles se hacen: creen que se los delinea como bichos raros. Lo novedoso de los últimos años es cómo estas vivencias personales, tan disímiles y similares a la vez, devinieron primero en comunidad y luego en activismo político. En 2017, algunes de les asexuales que integran aquel grupo de Facebook participaron de la Marcha del Orgullo. Dieron un discurso y se convencieron de que tenían que fortalecer su militancia y llevarla más allá de la virtualidad. Ese hecho significó, también, empezar a correrse de la marginalidad. En 2018 se conformó la primera y única agrupación que, al parecer, les nuclea en el territorio nacional. Se llama AgruPAs, sigla que remite a Agrupación de Pluralidades Asexuales de Argentina.

Los colores de la bandera de la asexualidad son negro, gris, blanco y violeta. “Básicamente lo que hacemos es visibilizar, como respuesta a la falta de educación que hay con respecto a la asexualidad y a la patologización que sufrimos de parte del personal de salud y de la sociedad. Damos charlas, hacemos capacitaciones para profesionales y vivos de Instagram para hablar de las distintas identidades”, cuenta Pupi, una de los 20 activistas de AgruPAs. El 6 de abril de este año se conmemoró por primera vez el Día Internacional de la Asexualidad, por iniciativa de organizaciones de todo el mundo. “Es la primera vez que nos ponemos en contacto para realizar actividades en conjunto. Donde hay más visibilidad (del tema) es en Estados Unidos e Inglaterra”, detalla Pupi. Fede (30), otro integrante de la agrupación, quien es aparte de asexual agénero, agrega que el movimiento es potente en España y en Chile.

Dentro de los asexuales hay dos grandes grupos: los románticos, que sienten atracción romántica por otras personas, y los arrománticos, que no la sienten. Pero además hay una lista larguísima de categorías referidas a la asexualidad que pueden marear, más partiendo de la base de que no es fácil entender el tema. Dentro de lo que les asexuales denominan su “paraguas” está la demisexualidad (el caso de Mariana J.); la grisexualidad, que implica sentir atracción con baja intensidad o frecuencia; litosexualidad, un tipo de atracción que desaparece si es correspondida; reciprosexualidad, atracción sólo si es correspondida; fraisexualidad, se siente atracción al inicio pero se enfría o desaparece cuando se genera un vínculo. Etcétera. “Hay muchísimas más. Siempre se van agregando etiquetas, todo el tiempo, no hay un número exacto que pueda decir. Hay muchas micro etiquetas. Por ejemplo, hay personas sexo-repelidas, a las que no les interesa tener sexo. O sexo-indiferentes: les da lo mismo. Sexo-favorables: no les molestaría tenerlo en caso de estar en pareja o por el motivo que fuera”, enumera Pupi.

“Más allá de que ayudan a entender tu propia vivencia y explicarles a otras personas, las etiquetas son políticas. Lo que no se nombra no existe. Tiene que ver con la lucha política y el reconocimiento de nuestros derechos”, define. La lucha política se inscribe en una respuesta a la «hipersexualización» de la sociedad, palabra que emerge en varios de los testimonios de esta nota. “Asumir que todos sentimos atracción sexual y que todos queremos sexo es la alonorma, que explicita además que lo hacemos con cierta frecuencia e intensidad. Ante esta norma nacen las identidades asexuales, porque no nos sentimos identificados con esto que les pasa a otras personas”, concluye Pupi. “El sexo vende. Está vinculado al capitalismo y al comercio”, sentencia Fernando.

“Un gran entramado de productos culturales dicen todo el tiempo que el sexo es lo mejor que te puede pasar y que es lo más sano del mundo sentirte atraído sexualmente por otras personas”, agrega Federico. Ser asexual es independiente del género, pero puede que por las exigencias del patriarcado a los varones les cueste un poco más expresarse sobre el tema e incluso reconocerse como tales.

En el plano de la cultura y las representaciones, no obstante, se vienen dando algunos cambios. Una joven que prefiere no revelar su identidad comenta: “He notado que de a poco se le va dando visibilidad en algunas series, lo que me contenta, como Todd, personaje de BoJack Horseman o en Sex Education. Ambas lo abordaron de manera muy respetuosa y acertada, lo que me da esperanzas de que las personas se informen y más gente pueda identificar lo que siente, dándole un nombre”.

Les asexuales están convencidos de que ellos simplemente le están poniendo nombre a algo que ya existía. Hay mitos. Se dice que Hitler, Dalí, Da Vinci eran asexuales. “Por suerte, gracias al trabajo de visibilidad que se viene haciendo hoy en día, más adolescentes se pueden identificar desde más temprana edad. A quienes somos más grandes nos costó llegar por la falta de acceso a la información. Los que tenemos de 30 para arriba tardamos en descubrir que éramos asexuales. No porque sea algo nuevo, no había una palabra para definirlo”, desliza M. Un rasgo llamativo es que no existe teoría local respecto de esta orientación sexual. La teoría la cocina la misma comunidad, y en eso las redes sociales, fundamentalmente Instagram, tienen un rol fundamental.
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