SOCIEDAD 

«El marketing de la dieta tiene un poder muy fuerte»

Candela Yatche, influencer, psicóloga y creadora de Bellamente, una cuenta de Instagram donde habla de mandatos sociales, estereotipos de belleza y medios de comunicación.
Cris Morena mandando a los conductores a bajar de peso, Marcelo Tinelli vendiendo polvos mágicos para adelgazar y los influencers del ayuno intermitente son solo algunos de los mensajes de la cultura de la delgadez que consumimos a diario.

En los últimos 20 años, los Trastornos de la Conducta Alimentaria (TCA) se duplicaron en el mundo y Argentina se posiciona como el segundo país con más casos de anorexia y bulimia de manera global. Durante la cuarentena, cuando las redes se convirtieron en nuestra ventana al mundo, los mensajes gordoodiantes recrudecieron, impactando directamente en nuestra autopercepción. Según el primer estudio “Impacto del uso de Instagram en la imagen corporal en el ASPO”, realizado por la fundación Bellamente, el 46% de las entrevistadas (6596 mujeres entre 18 y 35 años) aseguró que la percepción de su imagen corporal había empeorado durante el aislamiento y el 86% dijo haberse sentido mal con su cuerpo después de ver una publicación de instagram. Además, el 68% edita las fotos antes de publicarla y más de la mitad se compara frecuentemente su cuerpo con el de alguien que ve en esta red social.

Luego del Día de la Lucha contra los Trastornos Alimentarios (2 de junio), El Grito del Sur habló con Candela Yatche, psicóloga especializada en TCA y creadora de Bellamente, una cuenta de Instagram donde 212 mil seguidores se congregan para hablar de mandatos sociales, estereotipos de belleza y medios de comunicación. “Antes, las imágenes editadas las veías solo en las publicidades pero ahora con un solo clic en una aplicación podés cambiar tu cuerpo. Por eso es importante generar estos discursos también en redes, que es el lugar donde hoy nos relacionamos con el mundo”, asegura la activista.

Argentina es el segundo país con mayor tasa de trastornos alimentarios y tiene una cultura de la delgadez muy pregnante. Esto quedó intensificado en cuarentena, especialmente en las redes. ¿Cómo lo evaluás?

Si, por un lado la cuarentena cambió nuestra forma de vincularnos. Cada vez más estamos creando una identidad virtual y tenemos que empezar a pensar cómo nos vinculamos, qué vemos en otras personas y cómo construimos nuestra imagen en las redes, desde les comunicadores que consumimos hasta las publicidades que aparecen en la aplicación. En Instagram hay muchos estímulos y poca regulación. Hay publicaciones o challenges que fomentan conductas autodestructivas y la aplicación no los borra pero después censura un pezón o a les activistes gordes. En ese sentido es necesario que se tomen medidas respecto a la regulación del algoritmo. En cuanto al discurso sobre el cuerpo, el INADI publicó el año pasado un informe alertando sobre el aumento de los discursos gordofóbicos en cuarentena. Llegó un momento que parecía peor subir de peso que contagiarte de Covid. Es verdad que hubo cambios y que estamos más sedentarios ya que todas nuestras actividades pasaron a estar adentro, pero es importante recalcar que la salud es integral. Cuando hablamos de salud estamos pensando en un conjunto de factores psicobiosociales; si asociamos un único cuerpo a estar saludable y patologizamos otros estamos muy equivocados.

Muchas veces el activismo en redes se queda en el “amate a tu misme” y el discurso de la fuerza de voluntad. ¿Cómo evitás caer en eso?

Esa idea de que une va a apretar un botón y se va a amar es no tener en cuenta que somos seres sociales y que estamos en constante interacción con nuestro entorno. Todos los estímulos que nos rodean van moldeando nuestra subjetividad. Ésta no es una problemática individual sino social, podemos hacer cambios internos pero también hay que reclamar cambios masivos y medidas estructurales. Desde Bellamente la idea es generar mensajes responsables que cuiden al otro y empezar a detectar cuántas de las medidas que tomamos sobre nuestros cuerpos tienen que ver con decisiones personales y cuántas con mandatos sociales.

¿Qué medidas?

Por ejemplo, el cumplimiento de la ley de talles o lo que te decía de la regulación del algoritmo de Instagram. Después la publicidad está plagada de estereotipos, de belleza, de género, si se siguen reproduciendo los mismos estereotipos es muy difícil luchar contra eso. En ese sentido, los distintos actores tienen que tomar responsabilidades en la situación.

Es importante esto que remarcás porque, por ejemplo, cuando se discute la necesidad de una ley de Etiquetado Frontal se habla mucho de los productos que engordan pero no aparece tanto espanto a la hora de repudiar la publicidad de productos dietantes o polvos mágicos que se usan para adelgazar.

El marketing de la dieta tiene un poder muy fuerte. En un momento se decía que todo lo light era bueno, ahora se descubrió que hay muchas cosas light que no son sanas y se apunta a los ultraprocesados. Une no sabe dónde pararse porque hay tanto estímulo que te marea. A veces la cultura de la delgadez es muy fuerte en cómo se comunica para la venta.

Se vuelve una nueva imposición en una sociedad en la que muches no pueden elegir qué comer…

Totalmente. Por un lado, hay que contemplar que vivimos en un país con una crisis económica importante donde muches no tienen acceso a los alimentos, pero también hay que entender que el hábito saludable deja de serlo cuando es excesivo. Si vos estás todo el tiempo pensando en comer cosas “sanas” o que no estén procesadas tampoco está bueno, porque la salud también se manifiesta en cómo pensamos. Eso genera trastornos alimentarios como la ortorexia que está relacionado a la obsesión con la comida saludable.

Cuando se habla de los TCA, se suele hacer foco en la anorexia y la bulimia y sólo en los casos extremos. ¿Por qué no se habla de todos los demás?

Creo que no se habla porque se ha generado una industria respecto a la flacura que no le conviene. Por eso también aumentaron los casos de vigorexia, un trastorno más frecuente en masculinidades, que es una patología relacionada a la distorsión de la imagen corporal por la cual no se ve la cantidad de masa muscular que une tiene y que lleva a consumir batidos, barras proteicas, ir al gimnasio. Cuando se quiere catalogar solo en dos situaciones muy extremas se dejan de ver un montón de personas que tal vez están sufriendo. Hay mucha información que es necesario dar, en las redes se está planteando esta conversación y hay gente formada debatiendo al respecto, pero también hay gente que no sabe dando dietas o consejos muy peligrosos.

Nombrabas la vigorexia. ¿Qué sucede con las masculinidades y los estereotipos de belleza?

Obviamente hay un sesgo de género en los estereotipos porque las mujeres estamos siendo todo el tiempo juzgadas por nuestro cuerpo, pero en estos años también hubo un aumento de los TCA en masculinidades y más presión respecto a lo físico sobre ellos. Ahora mismo estamos trabajando en una encuesta sobre imagen corporal y masculinidades con Privilegiados.

¿Cómo se hace convivir con esa tensión de saber que aún siendo feminista te podés sentir presionada por la cultura de la delgadez?

Ahí hay mucho que pensar. Principalmente no juzgarse ni imponer otro mandato juzgando las elecciones de les demás. Es pensar, darnos tiempo, así como todo se construyó hace tanto tiempo necesitamos un proceso para aprenderlo. La aceptación de una misma no es lineal, hay que entender que algunos días te vas a sentir mal porque es una línea ondulada, un subibaja.
Dalia Cybel

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